Todas las noches, cuando la chica de hoyuelos bonitos que nos ha pedido esta taza se iba a dormir recitaba junto a su madre un poema de José Somoza, La Luna...
La luna mientras duermes te acompaña,
tiende su luz por tu cabello y frente,
va del semblante al cuello y lentamente
cumbres y valles de tu seno baña.
Yo, Lesbia, que al umbral de tu cabaña
hoy velo, lloro y ruego inútilmente
el curso de la luna refulgente
dichoso he de seguir, o Amor me engaña.
He de entrar cual la luna en tu aposento,
cual ella al lecho en que tu faz reposa
y cual ella a tus labios acercarme,
cual ella respirar tu dulce aliento
y, cual el disco de la casta diosa,
puro, trémulo, mudo retirarme.'
tiende su luz por tu cabello y frente,
va del semblante al cuello y lentamente
cumbres y valles de tu seno baña.
Yo, Lesbia, que al umbral de tu cabaña
hoy velo, lloro y ruego inútilmente
el curso de la luna refulgente
dichoso he de seguir, o Amor me engaña.
He de entrar cual la luna en tu aposento,
cual ella al lecho en que tu faz reposa
y cual ella a tus labios acercarme,
cual ella respirar tu dulce aliento
y, cual el disco de la casta diosa,
puro, trémulo, mudo retirarme.'
¿No os parece absolutamente preciosa la anécdota? Nos encanta hacer cosas tan bonitas como ésta. Convertir algo cotidiano en una sonrisa recordando una historia tan especial que hace los vínculos más fuertes.
Un beso espacial.
-Taza José Somoza-
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